Hola, ¿qué tal?
¿cómo estás?
te veo fenomenal,
no pasan los años por ti.
(Aunque por dentro estés reconcomiéndote…)
¡Menudo capullo! -pienses-,
éste habrá hecho un pacto con el diablo
y, dormirá en una cubeta de formol todas las noches,
¡qué bien está el cabrón, y yo que viejo!
¡me cago en todo!, ¿cómo lo hará?
de mayor quiero ser igual que tú,
aunque, si ya soy mayor…
tendré que invocar al diablo y negociar con él.