¡Ay dolor!,
tú me enseñaste,
fui tu mejor discípulo,
cumplí los designios,
las directrices, las consignas,
educado por tu amplio bagaje,
tu vasto conocimiento,
en el arte del sufrimiento.
¡Ay dolor!,
qué gran maestro,
cuánta sangre y cuánto llanto,
merecieron la pena,
para curtirme de espanto,
queja y desolación,
matrícula de honor, me pusiste,
corona de laurel,
medalla de campeón.
¡Ay dolor!,
continuas tu magisterio,
abriendo expedientes por doquier,
a quien no lo necesita,
a todo el que te evita,
evaluación continuada,
¡quiero anular la matrícula!,
no necesito tu cruel instrucción.