10/02/2018

Salté en paracaídas,
creyendo que estaba llena,
la piscina probática,
mientras los ángeles tocaban,
las trompetas de Jericó,
e Ícaro no pudo ayudarme,
pues sus alas derritiéronse
y, caí como Pablo de Tarso,
del caballo y, convertí,
al ciego y al tullido,
resucité a Lázaro de Betania,
y, vi a los cuatro jinetes,
del Apocalipsis persiguiéndome,
fue entonces cuando desperté,
del gran sueño final.

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