Ya solo veo seres con alas,
serafines y querubines,
que revolotean encima de mí,
con sus cuerpos gráciles,
carnes prietas y regordetas,
me invitan a ascender,
me llaman con sus tiernas voces,
y me dicen ven,
nosotros te acompañaremos,
verás el Reino de los Cielos;
pero yo no quiero,
rehúso a subir todavía,
me quedo aquí, con mi ángel caído,
que, aunque sea díscolo,
todavía se queda en tierra,
así que decidle al Padre,
que no os mande,
que ya iré,
aunque sea solo y sin compañía,
pero será cuando yo quiera, ¡ea!