Cuando le vi las orejas al lobo
Vives ajeno al dolor,
la rutina te hace inmune,
desayunas vestido de bombas,
comes naufragando pateras,
y cenas envuelto en homicidios.
La crueldad te es indiferente,
resultado de ser televidente,
¿por qué a mí, entre tanta gente?
Que me suceda algo tan infrecuente.
Y un día, ves las orejas al lobo,
la piel que se eriza,
el estómago encoge,
el pulso se dispara
y la vida que pende… de un fino y delicado hilo.
Comienzas a rezarle a los Dioses,
tú que eras un descreído,
agnóstico del infierno y paraíso,
cruzas los dedos y apagas la tele,
solo te importa su sino,
lo demás es irrelevante,
¡cómo cambia la historia!
Cuando tú eres el protagonista.