Comienzas a respirar
Cuando vives con el corazón encogido,
asistiendo al debate de otro corazón,
corazón joven e inexperto aún,
corazón de tu propia carne,
corazón de tu misma sangre,
el tuyo se dispara y se manifiesta incierto.
Cuando respiras rápido, fatigoso,
sintiendo que el aire no penetra,
no llena tus pulmones, ni hincha,
y sientes vértigo, descubres punzadas,
asistes impotente a su dolor,
nada hay más frágil que una vida.
Vuelves a rezar, vuelves a pedir,
aunque no lo hayas hecho en tiempo,
te agarras a lo divino,
pues te sientes impotente,
viendo a tu hijo vulnerable.
Pasa la tormenta,
con su fiero rugido,
la sangre vuelve a calmarse,
el latido vuelve a pausar,
Y tú…
comienzas a respirar…