Me cubrí de escarcha esperándote,
se me hizo eterna tu marcha,
congelándose los recuerdos,
me llené de gélido orgullo,
a sabiendas de que no volverías,
inútil fue la espera,
creyendo en un reencuentro postrero,
me cubrí de escarcha esperándote,
sentado sobre tu fría losa.