27/12/2020

Cruel es la vida que me dejas,
reniego de toda existencia,
he tocado fondo ahogándome,
desnudo de ropa de abrigo,
me evitan los seres pluricelulares,
pudriéndome solo con mi ombligo.

Me he asomado a fieros abismos,
desangrado de humor líquido,
con escamas llenas de salitre,
esquelético, yermo y, demacrado,
como tierra de barbecho estéril,
no me reconozco a mi mismo,
desde que te fuiste, espíritu débil.

Incapaz de arrastrarme por el suelo,
desahuciado de alma y cuerpo,
fragmentado en añicos de sobras,
emborronado por tormentas,
aquellas que depositan encierros,
de un dolor tan trágico e ignoto,
es la luna la que aúlla a los perros.

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