UN CANTO DE ESPERANZA (27/03/2020)
Para una triste historia siempre un feliz final,
un sollozo necesitado de una tierna caricia,
la letanía que requiere una solemne oración,
un periódico anunciando las peores noticias,
el canto de acción de gracias tras la petición.
Una certera mentira por un acto muy piadoso,
el silbido de un cohete advirtiendo la explosión,
la rabia que custodia y, acompaña a la impotencia,
el continuo baile de cifras tras enésima reunión,
la sabiduría ya fue uso para la demencia.
NECESITAMOS AFERRARNOS A LO CONOCIDO,
NO QUEREMOS MÁS BENDICIONES NI CHANZA,
ESPERAMOS RESISTIR Y, QUE ESTO TERMINE,
ENTONAR SIEMPRE UN CANTO DE ESPERANZA.
La zanahoria como gracia para un burro muy astuto,
una sutura aproximando primitivas heridas,
el pegamento que todo lo ensambla y, todo fija,
una mano alzada que cuestiona necias paridas,
el premio de consolación para el que pierde la rifa.
El aplauso merecido en los balcones y, ventanas,
el moribundo que no tuvo séquito en su triste funeral,
la pelea en un sucio ring con políticos y, aspirantes,
los anónimos que han sido héroes en último hospital,
el simposium que reúne a videntes nigromantes.
CANCIONES DE (des)AMOR Y CONFINAMIENTO [2018 - 2020]
Prólogo
Tuvo que sobrevenir la maldita pandemia, para que resurgiera de nuevo en mi, después de casi treinta años, la necesidad de componer canciones. Pongo en cursiva lo de componer, pues considero este hecho, como algo muy serio y, formal, fruto de músicos, autores y, compositores. Yo, ni lo soy, ni lo consigo. Tampoco, aunque lo intento, sé cantar. Tan solo, un poco de afinación y, algo de voz, nasal, en alguien, sordo, como yo. Quizás ésta, haya sido mi frustrada vocación; la de dedicarme a la música, aunque realmente, no lamento nada, de lo que he hecho en mi vida. El destino y, el azar, han jugado sus cartas. Yo solo me he dejado guiar, poniendo algo de intención por mi parte. Me gusta la música y, disfruto haciéndola y, sintiéndola. En este inédito periodo que estamos viviendo, creo que la música, ha amansado a la fiera que todos llevamos dentro, al menos a la mía. Algunas de las letras que escribí durante el confinamiento en casa, el cual, me permitió tener más tiempo para mi, las transformé en canciones. Me regalé una pequeña guitarra de seis cuerdas, un guitalele y, con este instrumento, canté estas canciones, grabándolas de forma casera y, artesanal con el teléfono móvil. Son coplas hechas sin ninguna pretensión, fruto del vaivén de sensaciones contradictorias, que viví durante el encierro. Esta relación de canciones, que aquí aparecen, lleva un orden cronológico. Después de poner música a las Memorias de un confinamiento (material incluido en esta Web), comencé a dar forma, a algunas letras que escribí, un par de años antes, cantándolas con la guitarra acústica. Es por este motivo, que el inicio de este material, corresponde al año 2018 y, se prolonga, hasta el fin del confinamiento.