Pedí, la extrema unción,
llamé, al Padre eterno,
me trajo la comunión,
y me dio, su absolución.
Me persignó en la frente,
pronunció una oración,
hallome cual moribundo,
y escruté, contemplación.
Doblaron las campanas,
la negrura me envolvió,
esperó a que agonizara,
por fin, mi alma, descansó.
Pedí, la extrema unción,
llamé, al Padre eterno,
me trajo la comunión
y me dio, su absolución.
Preparé el encuentro,
conseguí la expiación,
administró su sacramento,
me redimió, con el perdón.
Doblaron las campanas,
la negrura me envolvió,
esperó a que agonizara,
por fin, mi alma, descansó.