Cobarde, gallina, capitán de las sardinas,
medroso, pollino, capitán del fondo marino,
corean todos al unísono,
señalándome con el dedo,
como un coro de papagayos,
repitiendo la misma retahíla.
Yo no soy cobarde, solo apocado,
tímido e introvertido,
ingenuo y algo pusilánime,
pero no merezco esta suerte,
la persecución y el acoso,
solo por no ser capaz de saltar al vacío,
de creer que mi destino va ligado al tuyo,
por no aceptar tus mentiras,
por no querer participar de tus traiciones.
Yo no soy cobarde, amor,
solamente me dejé camelar por ti.