Sin ganas,
ni tengo, ni quiero,
ni soy, ni espero,
pues ya mis entrañas,
esperan guadañas,
que sieguen mis pies,
al son de alimañas.
Sin ganas,
ni tengo, ni quiero,
ni soy, ni espero,
pues tengo una pena,
que es triste condena,
invisible se ensaña,
sobre tierra y entraña.
Sin ganas,
ni tengo, ni quiero,
ni soy, ni espero,
aunque sé que tengo rescoldo,
para avivar el fuego,
para surgir de las cenizas,
para renacer de nuevo,
aunque haya tocado fondo,
aunque haya muerto sin serlo.