Para una triste historia siempre un feliz final,
un sollozo necesitado de una tierna caricia,
la letanía que requiere una solemne oración,
un periódico anunciando las peores noticias,
el canto de acción de gracias tras la petición.
Una certera mentira por un acto muy piadoso,
el silbido de un cohete advirtiendo la explosión,
la rabia que custodia y, acompaña a la impotencia,
el continuo baile de cifras tras enésima reunión,
la sabiduría ya fue uso para la demencia.
NECESITAMOS AFERRARNOS A LO CONOCIDO,
NO QUEREMOS MÁS BENDICIONES NI CHANZA,
ESPERAMOS RESISTIR Y, QUE ESTO TERMINE,
ENTONAR SIEMPRE UN CANTO DE ESPERANZA.
La zanahoria como gracia para un burro muy astuto,
una sutura aproximando primitivas heridas,
el pegamento que todo lo ensambla y, todo fija,
una mano alzada que cuestiona necias paridas,
el premio de consolación para el que pierde la rifa.
El aplauso merecido en los balcones y, ventanas,
el moribundo que no tuvo séquito en su triste funeral,
la pelea en un sucio ring con políticos y, aspirantes,
los anónimos que han sido héroes en último hospital,
el simposium que reúne a videntes nigromantes.