CINCO SENTIDOS (28/05/1993)

Déjame ser manos y, dedos, trepar por tu cuerpo,
cimbrear ese vientre, pálido, intenso,
adentrar caricias en tu negro cabello
y, sentir las hormigas, tu piel, el deseo.

Déjame ser iris y, ojos, desnudarte por dentro,
quemar mis pestañas en tu cálido fuego,
auscultar tu mirada, abismo e infierno
y, mirar tu carita de ángel moreno.

Déjame ser eco y, oído, ahuyentar el silencio,
escuchar tus latidos que rugen inciertos,
desgranar los sentidos, henchidos al viento,
susurrar la ternura, tu frente en mi pecho.

Déjame ser gusto y, sabor, paladear tu misterio,
libar la miel de tus labios sinceros,
comer de tu boca, engullir tus momentos
y, saciar mi sed, tu saliva y, aliento.

Déjame ser aroma y, olor, rastrear el sendero,
exudar por tus branquias la brisa de enero,
infiltrar tu desnudo, cual pálido lienzo,
expirar tus entrañas, yacer en tu lecho.

(Esta poesía, o intento al menos, fue la primera que publiqué en una revista que se llamó Cuarto Creciente. Revista de creación literaria y, artística que se editó entre 1999 y 2008, de ámbito universitario. Le tengo cariño por ello).

CANCIONES (y textos) [1988-1993]

Prólogo

Llegó el día en el que tuve necesidad de trascribir las canciones y, textos que escribí durante una época pretérita de mi vida. Las letras que reproduje con la máquina de escribir Olivetti y, que canté con aquella vieja guitarra llena de pegatinas, recompuesta y, arreglada por mi abuelo Francisco. Fue el tiempo de mi juventud, el periodo transcurrido desde que llegué a Madrid a estudiar con dieciocho años, cursé mis estudios universitarios y, comencé a trabajar. Un soplo, que recuerdo con cierta melancolía y, añoranza. Dejar mi pueblo, la familia, los amigos y, llegar a la gran urbe, al barrio de Moratalaz con mis abuelos maternos, supuso un cambio radical. Me sentí triste, vacío, solo y, desarraigado. No sabía realmente de dónde era, qué diablos hacía en esta ciudad y, sentía mucha ansiedad, acerca de lo que el futuro podía depararme. Recuerdo que me encerraba dentro de las cuatro paredes de mi cuarto y, además de estudiar y, mirar la vida pasar por la ventana, intentaba expresar con canciones, toda mi soledad y, los deseos y, sentimientos que por aquel entonces me acompañaban.
Aquí están reflejados en estas páginas… unas fueron canciones y, otras, simples escritos; todas, forman parte de mi historia personal y, de mi devenir por este mundo.