07/12/2020
Nunca fuiste santo de mi devoción
Nunca fuiste santo de mi devoción,
ni quise arrodillarme ante tu altar,
tú que me desairaste la comunión,
esa aureola tuya, nunca fue de fiar.
No bebí los vientos en tu nombre,
ni te coloqué la alfombra al pasar,
en las colas turbado me colocaste,
morder la lengua para no execrar.
Ahora tu alma ya no habita en mi,
me cuelgo los ajos para expulsar,
agua bendita salpican mis manos,
mi crucifijo te hará a ti renunciar.
No pretendí venerarte ni honrar,
ni deseé santiguarme en retablos,
tú me incitaste a morder el polvo,
a injuriar con absurdos vocablos.
Nunca fuiste santo de mi devoción,
no consigné las misas en tu honor,
dejaste el alma en sombría ruina,
vulneraste mi ser, callé mi pudor.
La nueva normalidad
Después de dedicar tiempo a escribir durante el período de confinamiento, encerrado en casa, por la pandemia del coronavirus, continué haciéndolo posteriormente, de una forma más espaciada. El día 14 de marzo de 2020, se decretó el Estado de Alarma, el cual se prolongó hasta el 2 de mayo, pudiendo salir paulatinamente, a partir de entonces. El 21 de junio, comenzó la llamada nueva normalidad, la cual no tuvo nada de normal. Se habló de desescalada y, de la vuelta progresiva a la actividad habitual. Nada fue como hubiéramos pensado o, deseado. La pandemia nos golpeó fuerte y, duro; murieron miles de personas y, la economía sufrió hasta límites insospechados. Se gestionó mal la primera ola, no se supo resolver adecuadamente la desescalada y, la temida segunda ola, también nos sacudió como un maremoto. Pasó el inédito verano y, llegó el otoño con muy mala pinta. En realidad, en todo este tiempo transcurrido (este escrito es del 5 de noviembre), no hemos tenido normalidad y, seguimos sufriendo las trágicas consecuencias de esta negra zozobra; continúan las muertes, crece el paro, muchas familias se sitúan en las colas del hambre y, las previsiones no son nada halagüeñas. ¿Qué será de la especie humana? ¿De verdad habremos aprendido algo? ¿No será que nuestro planeta está dándonos, un serio aviso?