27/03/2020

Un canto de esperanza

Para una triste historia siempre un feliz final,
un sollozo necesitado de una tierna caricia,
la letanía que urge una solemne bendición,
una lámpara al final de una tortuosa galería,
el canto de acción de gracias tras la petición.

Una desconsolada mentira por un fin piadoso,
el trueno que sigue fiel al huidizo relámpago,
la rabia que a veces custodia a la impotencia,
esa onda concéntrica cuando cae una piedra,
la sabiduría ya fue método para la demencia.

Necesitamos aferrarnos a lo conocido,
no queremos más bendiciones ni chanza,
esperamos resistir y, que esto termine,
entonar siempre un canto de esperanza.

La zanahoria como premio para un asno astuto,
una sutura para taponar las primitivas heridas,
el pegamento que todo lo ensambla y, todo lo fija,
una mano alzada que cuestiona necias preguntas,
premio de consolación para el que anuncia la rifa.

La ovación de reconocimiento en los ventanales,
el condenado que careció de séquito en el funeral,
la pelea en un sucio cuadrilátero sin aspirantes,
una multitud que se manifiesta sin ninguna señal,
el congreso que congrega a videntes nigromantes.

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