Llámame Dios,
así de primeras,
luego ya veremos
cuando se me bajen las flemas
y cojamos confianza.
Devocióname,
te arrodillas al rezar,
luego ya veremos,
cuando me baje de mi altar
y quede postrado.
Muéstrate siervo,
y, déjate guiar,
luego ya veremos,
cuando muestre mi mal
y me ponga fatal.